Ambiente necesario

Cada vez que preparo estas recetas –y creo que nos pasa a todos los que somos aficionados a este asunto de cocinar- inconscientemente trato de revivir la experiencia de la primera vez que las probé.

Pero esto no siempre es posible, porque todos a los que nos gusta cocinar y comer sabemos que además de la comida, la compañía es una parte importante de la ocasión.

La solución para conjugar ambas cosas: comida, los amigos presentes y los ausentes y a la vez de salvar situaciones embarazosas culpa del menú -que suelen presentarse-, la encontré en esa alma de payaso escondida que todos tenemos, que nos incita a lograr un buen público. A esto, hoy le dicen histrionismo.

Convengamos -antes de entrar en tema-, que hacer un asado no es lo mismo que ponerse a cocinar al frente de las hornallas. Aun hoy no es algo tan difundido, aunque los vientos están cambiando. Es muy común ver a los hombres de la casa haciendo asados, no haciendo tartas de zapallitos, o una crème Brûlée. Es una puesta en escena de una comida, un tanto distinta. Pues: háganla más distinta.

Por esta razón hago mención al histrionismo necesario, porque, cuando cocino con amigos, trato de contar, como hago en alguna de estas recetas –la vez que me acuerdo- la historia menor, la anécdota, o la “primera vez” de cada una de ellas, obviamente aderezándolas “a gusto”, como una forma de lograr reunir nuevamente esas compañías hoy ausentes y “agregarlas” (incorporarlas o añadirlas o verterlas) a las actuales, además de recordar y tratar de hacer honor al “guión” o “libreto” original de cada receta.

En cuando a las compañías ausentes que me refiero, no necesariamente están todos muertos, en muchos casos unos están lejos, a otros sus hígados, prudencia y/o presión arterial les impide hoy consumir toda la manteca que me gusta poner en mis comidas, o simplemente se han convertido en unos viejos aburridos que se van a dormir temprano.

En cuanto a los amigos actuales o público presente a nuestras representaciones o comidas: a falta de un genuino ¡Aplausos para el asador!, o un ¡Viva el cocinero!, que con los méritos como cocinero no lograrán de ellos en un principio, aprovechen mi consejo: es útil además del histrionismo por parte del cocinero (contar cuentos, anécdotas, hacerse el payaso con gorro y accesorios y en mi caso particular “galleguear” bastante): contar con un buen vino. Sí, leyó bien, un buen vino: para deleite en general de los sufridos comensales, para la obtención de algún tímido elogio de los más generosos, y, sobre todo, para distraer con otra cosa a los más desconformes.

En algún caso muy difícil deberán recurrir a un Cohiba. (In-extremis).

Si con todo esto no logran nada, están acabados mis amigos.
Sean buenos perdedores y deles de beber muy bien por lo menos.
No tendrán un buen público, pero sobornarán una consecuente claque.

Creo que este es el único consejo o indicación de mi propia cosecha que puedo incluir en esta recopilación.
De todas formas -como dije- cada una de estas recetas evoca momentos muy gratos.

אּאּאּאּאּאּאּאּ

En resumidas cuentas y para dejar de divagar:

1. A pesar de mis excusas, soy culpable de un plagio completo, de principio a fin.
2. En mi defensa, debería decir que a esta altura es muy difícil que se pueda desarrollar una receta original, pero el argumento es inútil desde ya, por haber confesado mi culpa con todo detalle.
3. Finalmente, para acallar mi conciencia va mi agradecimiento a todos ellos: a los autores plagiados, a los que me invitaron a comer, a los que aceptaron mi invitación, en fin: también esta lista es larga. Dejo pues las cosas así, porque mencionar algunos me haría quedar mal con muchos otros.
4. Sirva pues esta recopilación para ayuda memoria de quien quiera usarla.

PD.: olvidaba incluir mis disculpas, tan necesarias como los agradecimientos, a los que sufrieron estoicamente en muchas oportunidades mis fracasos culinarios. (También esta lista es larga).

Otro PD.: si alguna vez tienen la peregrina idea de anotar sus recetas, les aconsejo buscarse un buen diccionario de sinónimos. Me ha sido particularmente difícil encontrar suficientes para la palabra agregar. Es más o menos tan difícil como conseguir trufas blancas.

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